Los niveles de pobreza también se detectan en los chicos de las inferiores de los clubes de fútbol

Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) publicada por el Indec, la pobreza alcanzó a un 50,9% de niñas y niños de hasta 14 años. Esto se traduce en que, aproximadamente, 5,5 millones de chicos en nuestro país dejaron de ingerir alguna comida por falta de dinero, pese a percibir la cobertura de los planes Alimentar, Potenciar Trabajo y Asignación Universal por Hijo que abarca a un universo de casi 9 millones de personas. La inmediata consecuencia reflejada en los resultados deportivos y la falta de ventas a clubes poderosos de Europa denotan que el hambre se está devorando algo más que el sueño de un fútbol argentino más competitivo.

“El Fideo”, “la Pulga”, “el Enano”, “el Piojo”. El déficit nutricional que padecen los futbolistas durante su primera infancia se evidencia domingo a domingo. “Cuesta encontrar jugadores con una estructura física tan importante como teníamos antes”, reconoce Hugo Tocalli, actual coordinador de inferiores de Platense e integrante del cuerpo técnico de la época dorada de la selección juvenil argentina junto con José Pekerman. Además de la contextura física, hay otras características que resalta Juan Bige, coordinador de fútbol amateur del club Deportivo Armenio: “Hay chicos que vienen a probarse todos los años y vas notando cómo cambian. Por lo general, para el exceso de peso”.

Sin embargo, la mala alimentación no solo influye en el desarrollo corporal, también repercute en el órgano más importante, el cerebro. Desde su estado prenatal hasta los 4 años se lleva a cabo el proceso de desarrollo y evolución más importante; es en ese período en que todo lo que somos, sentimos o soñamos pasa por ese órgano. La paradoja es que el cerebro puede destruir el cuerpo para alimentarse.

La mala nutrición en edades tempranas y durante un período extenso provocará falta de conexión neuronal y su consecuente déficit de atención, reacción lenta y debilitamiento muscular. María Belén Comini, nutricionista de Rosario Central, explica que “la mala alimentación en la primera infancia deja secuelas”. Y agrega: “Si en séptima división el chico no logra una buena alimentación o sigue con una mala nutrición va a tener repercusiones a largo plazo”.

El problema empeora. La UCA, en su informe, detalla que las oportunidades de socialización y formación en el deporte son escasas para más del 60% de los niños y el 80% de los adolescentes. Es decir, no pasan la preselección. Tanto los técnicos como los nutricionistas de los clubes de Primera División que consultó PERFIL coinciden en que los chicos que tienen grandes deficiencias difícilmente puedan destacarse entre sus pares. “Desde hace unos años notamos que los chicos tienen desgarros y calambres producto de la mala alimentación. Al club llegan entre un 15% y 20% de chicos con sobrepeso o bajo peso”, destaca Juan Bige.

Christian Tourn, nutricionista de Independiente, explica que al club “llegan chicos que están bajos de peso y otros con exceso a edades tempranas”. Sin embargo, lo peor lo vio en la vuelta pospandemia: “En octava o novena nos encontramos con chicos que no tenían fuerza para patear un córner y llegar al área”.

“Nos cuesta mucho encontrar jugadores de potrero; antes salías con el auto y sacabas dos jugadores para ir al club. Hoy no se encuentran”, describe Tocalli. En la misma línea, Santiago “Lechuga” Rodríguez, coordinador de inferiores de Independiente, es contundente: “La mala nutrición en edades tempranas deja secuelas irreversibles”. Rodríguez subraya: “Hoy hay familias que no comen y que no se educan. A eso sumale la crisis social y económica que genera una presión desmedida de los padres hacia los chicos, producto de querer salvarse con el chico”.

Bige agrega que “los más chicos, que entrenan por la tarde, vienen directo del colegio. Entonces comen un pancho, una hamburguesa o una tortilla en la calle. Nosotros les hacemos notar que, incluso con menos dinero, pueden comprar frutas”. El coordinador de las inferiores de Armenio destacó el trabajo que hacen los clubes con nutricionistas para que los chicos incorporen verduras y frutas a la alimentación diaria y argumentó que una vez que ingresan al club las falencias alimentarias van disminuyendo. Sin embargo, los jugadores que llegan en edades cercanas a la adolescencia tienen menos desarrollo y más desequilibrios: “Al club llegan alrededor de los 9 o 10 años, y si no modifican los hábitos de nutrición, son períodos irrecuperables. Y este problema se profundizó desde hace un par de años”.

Las divisiones inferiores del fútbol en general y del ascenso en particular se han transformado, en palabras de Enrique Borrelli, coordinador de las divisiones inferiores de Belgrano de Córdoba, en “una malla de contención social y deportiva muy importante”.

Si bien desde los clubes trabajan constantemente en corregir hábitos de alimentación, ya sea por exceso de masa adiposa como por carencia de masa muscular, la falta de alimentación en los chicos no solo impide la creación de un deportista de élite, sino que hipoteca el futuro social, intelectual y deportivo de un país.